Un tercio de la población mundial respiró aire con niveles extremos de ozono en 2026
Durante los primeros ocho meses de 2026, más de un tercio de la población mundial respiró aire con niveles extremadamente altos de contaminación por ozono, una crisis atmosférica impulsada por olas de calor sin precedentes, megaincendios forestales y emisiones de origen humano, según reveló el primer informe 'Atmosphere Watch' publicado por el Servicio de Monitoreo Atmosférico de Copernicus (CAMS) el 30 de septiembre.
El análisis, elaborado por CAMS —implementado por el Centro Europeo de Pronósticos Meteorológicos de Medio Alcance en representación de la Comisión Europea— documenta que el 34 por ciento de la humanidad estuvo expuesta a condiciones extremadamente peligrosas, mientras que el 17 por ciento adicional respiró aire calificado como muy malo. Solo el 5 por ciento de la población mundial disfrutó de niveles de ozono considerados buenos.
Asia, la región más castigada
Asia encabezó las zonas más afectadas, con el 53 por ciento de su población expuesta a niveles extremadamente altos durante el período analizado. En América del Norte, dos tercios de los habitantes respiraron aire malo o muy malo, comparado con el 45 por ciento en Europa. El análisis se basó en observaciones satelitales y terrestres combinadas con modelos atmosféricos avanzados.
Gran parte del Hemisferio Norte superó el nivel máximo de exposición al ozono recomendado por la Organización Mundial de la Salud, que establece un límite de 100 microgramos por metro cúbico en promedio de ocho horas. En contraste, Oceanía presentó el panorama más favorable: toda su población experimentó niveles buenos o aceptables, mientras que en Sudamérica el 81 por ciento de los habitantes respiró aire de calidad satisfactoria.
Megaincendios históricos alimentan la crisis
Los niveles récord de ozono observados este año surgieron de la combinación entre olas de calor extremas y una temporada de incendios forestales devastadora que arrasó Europa y Norteamérica. En Francia, los incendios quemaron más de 115,000 hectáreas y forzaron la evacuación de aproximadamente 200,000 personas, convirtiéndose en la peor temporada desde 1949. España enfrentó el incendio forestal más grande de su historia cuando el fuego consumió aproximadamente 50,000 hectáreas en Ávila.
En Canadá, hasta el 31 de agosto se reportaron más de 5,248 incendios que devastaron 4.49 millones de hectáreas. Durante julio, más de 949 incendios ardían simultáneamente en todo el país, formando parte de una serie de temporadas catastróficas consecutivas que comenzaron con la peor temporada en la historia canadiense en 2023, seguida por la segunda peor en 2025.
El humo de estos incendios viajó miles de kilómetros y degradó la calidad del aire en regiones muy distantes. En julio, ciudades estadounidenses registraron índices de contaminación récord: Chicago alcanzó un índice de calidad del aire de 511, Detroit llegó a 490, y Washington D.C. marcó 246, los niveles más altos de contaminación por humo en más de 25 años.
La química detrás de la contaminación
El ozono es un contaminante secundario que se genera mediante reacciones químicas en la atmósfera. Se forma principalmente a partir de óxidos de nitrógeno, emitidos sobre todo por el tráfico terrestre y marítimo, la industria y los incendios, así como de compuestos orgánicos volátiles procedentes de actividades industriales y de combustión. Bajo la acción de los rayos ultravioleta del sol, estos gases reaccionan químicamente para producir ozono.
Las temperaturas elevadas crean condiciones que favorecen la formación de ozono troposférico, un gas de efecto invernadero que además contribuye al calentamiento atmosférico. Este fenómeno, denominado por los científicos como penalización climática del ozono, genera un círculo vicioso de retroalimentación donde el calor produce más ozono, y este a su vez calienta aún más la atmósfera.
Impacto transfronterizo y consecuencias para la salud
El propio informe de Copernicus documenta cómo la contaminación cruzó fronteras y continentes enteros durante estos meses. El humo de los incendios forestales, el polvo del desierto y otras partículas viajaron miles de kilómetros hasta afectar a poblaciones muy alejadas de su origen. Los megaincendios registrados en Francia, España y Bélgica generaron columnas de humo que degradaron la calidad del aire en regiones distantes del continente europeo.
El ozono puede penetrar profundamente en el aparato respiratorio, provocando tos, ardor en los ojos o dificultad para respirar. Además, puede agravar las crisis de asma o los síntomas de personas que padecen enfermedades respiratorias. La exposición prolongada a este contaminante está vinculada a un estimado de un millón de muertes prematuras anuales debido a enfermedades respiratorias a nivel mundial.
Laurence Rouil, directora del Servicio de Vigilancia Atmosférica de Copernicus, subrayó que la contaminación por ozono confirma lo interconectados que están la atmósfera, el clima y la salud humana. Advirtió que el propio ozono generado contribuye a calentar aún más la atmósfera que lo produce, intensificando un ciclo peligroso que amenaza tanto el equilibrio climático como la salud pública global.





