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Ediciones Era: 15 libros esenciales de 66 años de historia editorial en México

Un recorrido por quince títulos fundamentales que permiten comprender la importancia de Ediciones Era, la editorial fundada en 1960 que anunció la suspensión de sus operaciones tras más de seis décadas de transformar la conversación cultural mexicana.

Los años fundacionales: cuando la forma era riesgo

A lo largo de 66 años, Ediciones Era construyó un legado que trasciende las métricas comerciales. El nombre de la editorial surgió de las iniciales de sus fundadores: Espresate, Rojo y Azorín, tres jóvenes hijos de republicanos españoles exiliados y militantes de las Juventudes Socialistas Unificadas que, junto con Neus Espresate y los hermanos Espresate, fundaron en 1960 una casa editorial vinculada a la Librería e Imprenta Madero que había establecido Tomás Espresate, padre de Neus.

Lo que comenzó como un proyecto para aprovechar los tiempos muertos de las máquinas de imprenta terminó convirtiéndose en una institución que publicó más de 1,200 títulos a lo largo de su historia, de los cuales unos 400 continuaban en circulación hasta 2025. Su catálogo abarcó narrativa, poesía, crónica, ensayo, historia, ciencias sociales y artes, superando los quinientos títulos en su momento de mayor consolidación.

La vocación inicial de Era por intervenir en la literatura de su tiempo quedó plasmada en tres publicaciones tempranas. Aura, de Carlos Fuentes, apareció el 30 de mayo de 1962 y se convirtió rápidamente en uno de los grandes títulos de la casa, condensando el interés de la editorial por una literatura formalmente arriesgada capaz de dialogar con un público amplio. Un año después, en 1963, Era publicó Los elementos de la noche, de José Emilio Pacheco, iniciando así una relación que se prolongaría durante décadas y que terminaría reunida en Tarde o temprano.

En 1969 llegó La oveja negra y demás fábulas, de Augusto Monterroso, incorporando al catálogo una literatura latinoamericana de humor, brevedad y corrosión satírica. Estos tres títulos documentan algo decisivo: Era no se limitó a conservar autores consagrados, sino que acompañó trayectorias que terminarían formando parte del canon literario mexicano.

Una editorial que modificó la conversación intelectual

La importancia de Era no reside únicamente en la cantidad de autores consagrados que publicó, sino en haber funcionado como un espacio de circulación para ideas y obras que modificaron la conversación intelectual mexicana. Una investigación de José Carlos Reyes Pérez, publicada por la Universidad Javeriana, estudia precisamente a la editorial como un medio de difusión de la historia intelectual en español y destaca su papel en la recepción de obras importantes para las ciencias sociales y el pensamiento crítico latinoamericano.

Ese mismo año de 1969, Era publicó dos obras fundamentales. Hasta no verte Jesús mío, de Elena Poniatowska, convirtió la voz de Jesusa Palancares en una de las figuras memorables de la narrativa mexicana y tuvo posteriormente numerosas ediciones y coediciones. Paralelamente apareció El apando, de José Revueltas, escrito después de su encarcelamiento en Lecumberri durante el movimiento de 1968. La recepción inicial fue significativa: la Enciclopedia de la Literatura en México registra alrededor de diez reseñas entre 1969 y 1971, en general favorables.

Junto a ellos debe mencionarse No me preguntes cómo pasa el tiempo, de Pacheco, publicado inicialmente en una edición compartida con Joaquín Mortiz y posteriormente incorporado al catálogo de Era. El libro obtuvo el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes y marcó definitivamente la poesía mexicana al introducir una voz atravesada por la vida cotidiana, la política, el humor y la antisolemnidad.

De Lezama Lima a Tlatelolco: la editorial como red cultural

En 1968 había ocurrido una operación editorial de enorme alcance latinoamericano. Paradiso, de José Lezama Lima, tuvo su primera edición cubana en 1966, pero Era publicó en México una nueva edición el 25 de julio de 1968, revisada al cuidado de Julio Cortázar y Carlos Monsiváis, ilustrada por René Portocarrero y con un tiraje inicial de 4 mil ejemplares. La editorial no era aquí un simple punto de impresión: actuaba como mediadora entre un escritor cubano, un autor argentino, un cronista mexicano, un diseñador y un artista plástico.

Vicente Rojo, quien además de cofundar Era diseñó el logotipo de La Jornada y fue considerado un referente del diseño gráfico en México, dejó un testimonio elocuente sobre ese espíritu de origen. Recordó que comenzaron a publicar

libros con los amigos escritores más cercanos como autores y asesores
y que él se ocupaba de los diseños. Aquella declaración permite entender por qué el catálogo y la imagen gráfica de Era crecieron prácticamente como una misma obra: literatura, edición y diseño formaban parte de una decisión cultural común.

Dos años después, en 1970, apareció Días de guardar, primer libro de crónicas de Monsiváis, dedicado a Fernando Benítez. Y en 1971 Era publicó La noche de Tlatelolco, de Poniatowska, una obra que convirtió el testimonio del movimiento estudiantil y la matanza del 2 de octubre de 1968 en una pieza fundamental de la memoria mexicana. La primera edición recibió el Premio Xavier Villaurrutia, y para 1997 el libro había llegado a la reedición número 55, con 7 mil ejemplares en aquella impresión, después de haber alcanzado ocho reediciones durante su primer año.

Revueltas, Pacheco y la reconstrucción de una tradición

El proyecto de Era no consistió únicamente en descubrir autores nuevos: también reconstruyó una tradición, recuperando obras fundamentales y devolviéndolas a circulación. El luto humano, de Revueltas, originalmente publicada en 1943, fue recuperada por Era en una edición conjunta con la Secretaría de Educación Pública en 1985 y después volvió a publicarse en la Biblioteca Era. Los días terrenales, novela de 1949 que había provocado una fuerte polémica por la tensión entre militancia política, creación literaria y representación de la condición humana, fue incorporada a Biblioteca Era en 1973 y volvió a aparecer en nuevas ediciones, incluida una de 2015.

Dormir en tierra, publicado originalmente en 1960 por la Universidad Veracruzana, llegó a Era en 1971. La propia editorial lo presenta como un libro que la crítica había considerado clave para la nueva narrativa mexicana. La crónica de Monsiváis encontró otra de sus expresiones decisivas en Amor perdido, publicado en 1977 junto con el Departamento de Bellas Artes del Gobierno de Jalisco. El libro convirtió a músicos, políticos, figuras populares, intelectuales y personajes de la cultura de masas en materia de interpretación histórica y social, y tuvo nuevas ediciones en 1980, 1986, 2003 y 2017.

Cuatro años después de Días de guardar apareció Las batallas en el desierto, de José Emilio Pacheco, cuya primera edición de Era data de 1981 y que con el tiempo se convirtió en uno de los relatos más reconocibles sobre la transformación de la Ciudad de México y el México de mediados del siglo XX. El libro tuvo nuevas ediciones en 1999, 2011, 2012 y 2013.

Finalmente, El arte de la fuga, de Sergio Pitol, publicado por Era en 1996, obtuvo el Premio Mazatlán de Literatura de 1997, cuyo jurado lo consideró el mejor libro editado en México durante 1996. Pitol transformó el viaje, la lectura y la memoria en una poética que ensanchó las posibilidades del ensayo autobiográfico mexicano.

Una permanencia que se mide en reediciones

La vida editorial prolongada de varios de estos libros es una señal verificable de permanencia. Hasta no verte Jesús mío volvió a publicarse en Era en 1978, 1983, 1989, 2007 y 2013, además de distintas coediciones. Días de guardar alcanzó al menos dieciocho ediciones o reimpresiones hasta 2006 y posteriormente pasó a la colección de bolsillo. No se trata de cifras equivalentes a ventas, pero sí de señales de que eran libros que la editorial continuaba considerando parte viva de su catálogo.

Neus Espresate asumió la dirección plena de Ediciones Era a partir de 1962 y la dirigió hasta su muerte el 21 de febrero de 2017, a los 83 años. Vicente Rojo murió el 17 de marzo de 2021. La editorial pasó entonces a manos de una nueva generación, bajo la dirección de Marcelo Uribe, quien confirmó en agosto de 2026 la suspensión de operaciones.

El contexto de una crisis estructural

La suspensión de operaciones anunciada por la editorial adquiere una dimensión que excede la suerte de una empresa. Era informó que el mercado del libro había cambiado hasta hacer inviables sus ventas, que éstas habían caído a una cuarta parte de las registradas antes de la pandemia y que durante seis años había intentado sostener la operación mientras acumulaba deudas.

El impacto de la pandemia en la industria editorial mexicana fue devastador. En la semana del 6 de abril de 2020, casi 15 días después de decretada la contingencia sanitaria, el mercado del libro llegó a su punto más bajo al registrar una caída del 88.2% en facturación respecto al mismo periodo del año anterior, según datos de Nielsen BookScan citados en investigaciones académicas. En términos globales, la industria experimentó una caída del 20% en ventas de ejemplares, pasando de 123 millones de ejemplares vendidos en 2019 a 99 millones en 2020 y 2021.

El cierre de una casa capaz de mantener durante décadas títulos de esta naturaleza obliga a mirar también hacia la fragilidad del ecosistema que permite que un libro permanezca disponible después de que deja de ser una novedad. El legado de Era no cabe en un listado de quince títulos. Está en la posibilidad de que una editorial independiente haya acompañado a Pacheco desde sus primeros poemas, haya dado nueva vida a Revueltas, haya convertido el testimonio de Poniatowska en memoria colectiva, haya hecho de Monsiváis una institución de la crónica y haya intervenido en la circulación mexicana de Lezama, entre muchas otras historias.

Estos libros son imprescindibles no porque constituyan un canon cerrado, sino porque permiten ver cómo una editorial puede convertirse, durante más de seis décadas, en una forma de leer un país en constante movimiento.

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